El hábito lector y sus beneficios

La lectura es una práctica que acompaña a la humanidad desde que esta comenzó a dejar registro de la inconmensurable serie de expresiones con las que designa cada elemento del mundo, aunque el hábito fue tomando fuerza en la medida en que las sociedades se hicieron más complejas y la escritura pasaba de soportes rudimentarios a formas de circulación de la palabra como el papiro, el pergamino, el papel y el ciberespacio. Sin duda, la invención de la imprenta fue un hito relevante en ese proceso, pero es importante tener en consideración el hecho de que la alfabetización recién en la última centuria se convirtió en un fenómeno que abarca a la mayor parte de la población del planeta. Leer nos ayuda a reflexionar, a comprender nuestro entorno y a informarnos de un sinnúmero de antecedentes y acontecimientos que no presenciamos. Sin embargo, aporta a quienes lo hacen varios otros beneficios.

Un estudio del doctor Robert Friedland, publicado en Proceedings of the National Academy of Scientes, concluyó que estimular la mente a través de una actividad como la lectura podría ralentizar los efectos, e incluso prevenir, del alzheimer en particular y de la demencia en general. El texto académico demostró que aquellos que regularmente leen son 2,5 veces menos propensos a desarrollar enfermedades debilitantes. Al igual que cualquier músculo del cuerpo, el cerebro necesita ejercicio constante para mantenerse sano y en forma.

Asimismo, un estudio de la Universidad de Sussex consiguió establecer, en 2009, que leer puede reducir el estrés hasta en un 68%, actuando incluso mejor que otras formas de relajación. Esto se debe a que, al concentrarse en una historia, uno puede llegar a “perderse en ella”. Un buen libro es capaz de transportarnos a otros lugares, lo que nos distrae y puede aliviar tensiones. El cerebro se mantiene pensando en el texto leído, lo que contribuye a distraerse. Además, se ha comprobado que leer puede bajar la presión sanguínea y regular el corazón.

Por otra parte, en el año 2011 las investigadoras Kate Cain y Jane Oakhill presentaron un estudio que demostraba que aquellos estudiantes que leían libros regularmente, comenzando desde una edad temprana, desarrollaban un vocabulario más amplio y refinado. Desde luego, tener un mejor vocabulario impacta positivamente diversas áreas de la vida, desde obtener mejor rendimiento escolar hasta conseguir mejores oportunidades laborales.

Una década antes, en 2001, Anne Cunningham, y Keith Stanovich, de las universidades de California y Toronto, respectivamente, realizaron una investigación que buscaba evaluar si la lectura de novelas favorecía el desarrollo del vocabulario en el largo plazo, para lo cual trabajaron con estudiantes de primero básico. Tras un seguimiento de diez años a los mismos escolares, pudieron establecer que leer más influye en el nivel de comprensión y de vocabulario a largo plazo, y que quienes se inician en la lectura a más temprana edad tienen mayores posibilidades de leer más en el futuro.

Finalmente, neurocientíficos de la Universidad de Emory demostraron que leer ficción puede mejorar las funciones cerebrales, favoreciendo la conectividad, lo cual favorecería la imaginación y la creatividad de una manera muy semejante a la memoria muscular que se genera al hacer deportes. El director de la investigación, Gregory Berns, concluyó que “como mínimo, se puede decir que leer historias, sobre todo las que tienen narrativas intensas y cautivantes, logra mejorar las redes cerebrales por días. Esto puede tener profundas implicaciones para los niños y el rol que tiene la lectura en el desarrollo de sus cerebros”.